Romano se levantó con la férrea determinación de quererme dominar completamente, resulta que hablo 'hasta por los codos' sin darme cuenta y eso a él.. a veces lo atormenta, así que decidió que era tiempo de recordarme quien manda acá, y lo hizo de la mejor manera que sabe.
Tomó del 'cajón de los secretos' unas sogas, ató mis manos a mi espalda, mis tobillos juntos, me besó apasionadamente, cubrió mis ojos y me tendió boca abajo en la cama, decía "vamos a recordarte quién manda aquí, quién debe ser escuchado y obedecido, y lo recordarás muy bien". boca abajo sobre la cama comenzó a tocarme, a distraer mis pensamientos y sensaciones de lo que pudiera estar pasando. Sacó uno de los dos látigos de cuero que tenemos en casa, el que tiene puntas lisas (el otro tiene nudos en las puntas) y comenzó a azotarme alternando golpes suaves y fuertes, castigando mi espalda, mis nalgas... piernas, muslos... me hacía brincar cuando azotaba la planta de mis pies... sabe exactamente donde golpear para enervarme en una mezcla de desesperación placer y dolor.
No creo que me haya dado menos de 15 azotes, intercambiaba su mano con el látigo para hacerme sentir diferentes sensaciones, bajaba a mi oído y me susurraba "quién es mi perrita?. quién es mi putica? enséñame cómo se mueve mi putica para mi, vamos". Me repetía una y otra vez estas palabras mientras tocaba con frenesí mis partes intimas cuyos fluidos eran sólo comparables a los grandes océanos del mundo. Jugaba con mi psiquis con cada movimiento, con cada pensamiento. Romano tiene unas manos difícilmente comparables con algo sobre la faz de esta tierra.
Buscó mis labios y me arrancó un beso desde lo más profundo de mi aliento. su lengua se movía cual serpiente marina dentro de mi boca, la cual lo esperaba desde abajo con locura y deseo. se levantó de la cama y siguió azontando, tocando, haciéndome sentir la mujer más deseada de su mundo. tomó un vibrador nuevo que compramos hace poco, de proporciones de cuidado que colocó bien posicionado dentro de mi ano y diciendo "Quiero ese culito bien dilatado para mi, para tu dueño, me perteneces, eres mía y contigo hago lo que yo quiera".
Sacó el vibrador y su pene entró dentro de mi abriéndose camino en mis entrañas sin el menor de los pudores hasta que estuvo bien adentro de mi. me tomó por el cabello desde atrás y comenzó a embestir una y otra vez hasta que invadió mi ser de sus fluidos y se dejó caer exhausto sobre mi. hablándome al oído de cómo no había terminado y que todo el día recordaría al sentarme a quién le pertenecía mi cuerpo.
Al salir Él de mí, retomó el vibrador y lo volvió a colocar en su lugar, lo encendió (esta vez hasta la máxima potencia) y comenzó el vaivén que me desespera, metiéndolo y sacándolo una y otra y otra y otra vez de mi hasta que en seguidillas, como quien contara fresas, me arrancó tres orgasmos más aparte del que me despojó cuando me ordenó correrme junto con Él al unísono de nuestros gemidos.


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