jueves, 15 de marzo de 2012

Amor es a sumisión, como placer es a libertad


Romano se levantó con la férrea determinación de quererme dominar completamente, resulta que hablo 'hasta por los codos' sin darme cuenta y eso a él.. a veces lo atormenta, así que decidió que era tiempo de recordarme quien manda acá, y lo hizo de la mejor manera que sabe.

Tomó del 'cajón de los secretos' unas sogas, ató mis manos a mi espalda, mis tobillos juntos, me besó apasionadamente, cubrió mis ojos y me tendió boca abajo en la cama, decía "vamos a recordarte quién manda aquí, quién debe ser escuchado y obedecido, y lo recordarás muy bien". boca abajo sobre la cama comenzó a tocarme, a distraer mis pensamientos y sensaciones de lo que pudiera estar pasando. Sacó uno de los dos látigos de cuero que tenemos en casa, el que tiene puntas lisas (el otro tiene nudos en las puntas) y comenzó a azotarme alternando golpes suaves y fuertes, castigando mi espalda, mis nalgas... piernas, muslos... me hacía brincar cuando azotaba la planta de mis pies... sabe exactamente donde golpear para enervarme en una mezcla de desesperación placer y dolor.

No creo que me haya dado menos de 15 azotes, intercambiaba su mano con el látigo para hacerme sentir diferentes sensaciones, bajaba a mi oído y me susurraba "quién es mi perrita?. quién es mi putica? enséñame cómo se mueve mi putica para mi, vamos". Me repetía una y otra vez estas palabras mientras tocaba con frenesí mis partes intimas cuyos fluidos eran sólo comparables a los grandes océanos del mundo. Jugaba con mi psiquis con cada movimiento, con cada pensamiento. Romano tiene unas manos difícilmente comparables con algo sobre la faz de esta tierra.

Buscó mis labios y me arrancó un beso desde lo más profundo de mi aliento. su lengua se movía cual serpiente marina dentro de mi boca, la cual lo esperaba desde abajo con locura y deseo. se levantó de la cama y siguió azontando, tocando, haciéndome sentir la mujer más deseada de su mundo. tomó un vibrador nuevo que compramos hace poco, de proporciones de cuidado que colocó bien posicionado dentro de mi ano y diciendo "Quiero ese culito bien dilatado para mi, para tu dueño, me perteneces, eres mía y contigo hago lo que yo quiera".

Sacó el vibrador y su pene entró dentro de mi abriéndose camino en mis entrañas sin el menor de los pudores hasta que estuvo bien adentro de mi. me tomó por el cabello desde atrás y comenzó a embestir una y otra vez hasta que invadió mi ser de sus fluidos y se dejó caer exhausto sobre mi. hablándome al oído de cómo no había terminado y que todo el día recordaría al sentarme a quién le pertenecía mi cuerpo.

Al salir Él de mí, retomó el vibrador y lo volvió a colocar en su lugar, lo encendió (esta vez hasta la máxima potencia) y comenzó el vaivén que me desespera, metiéndolo y sacándolo una y otra y otra y otra vez de mi hasta que en seguidillas, como quien contara fresas, me arrancó tres orgasmos más aparte del que me despojó cuando me ordenó correrme junto con Él al unísono de nuestros gemidos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Un castigo para empezar el año

Así te gusta papi?

Lamento la tardanza en escribir, algunas veces, la vida cotidiana, el trabajo, la rutina, atormenta hasta al más "berraco" como dirían en Colombia. La entrada de hoy, tiene el propósito de relatar un viaje de trabajo que Romano y yo debimos realizar una semana de febrero. Fuimos a diferentes lugares del occidente del país como: San Cristóbal, Punto Fijo, y Maracaibo, mi ciudad natal, aunque sólo estuvimos unas horas en ella.

Cada lugar tiene su encanto, lo primero en visitar fue Maracaibo, luego seguimos a Punto Fijo, zona conocida por sus playas y zonas francas, en el cual nos quedamos día y medio ya que debimos rodar en carretera cerca de 4 horas para llegar, cabe destacar que durante el mismo día él manejó por casi 7 horas para llegar a nuestro destino, y yo sabía con anticipación que pasaríamos casi todo el día dentro de la camioneta, así que el día anterior tuve una idea :P

Sin decirle nada decidí vestirme con una falda plisada azul y una chemisse blanca, son atuendos que están en mi closet comprados inocentemente pero que juntos son el uniforme escolar estándar. Me coloqué calcetines y tennis blancos, me solté el cabello, me peiné de lado y me puse un lazo color blanco y celeste que junto con el maquillaje ligero que usé me hacía ver como una absoluta y totalmente estudiante de educación básica. La cara de Romano al verme no fue normal, fue una mezcla de su ya natural rubor con los otro 6 colores del arco iris, constantemente me decía que aunque le encantaba y lo excitaba al máximo estaba seguro que una de las alcabalas policiales que están apostadas en las carreteras de este país lo detendría por trata de menores y por "haberme sacado del liceo" como eran sus palabras textuales.

Durante todo el vía me la pasé provocándolo, jugaba con su psiquis una y otra vez, cuando un policía o fiscal de tránsito se acercaba lo provocaba aún más y me lucía tratando de colmar su paciencia frente al tercero. Cerca del medio día levanté los pies y los coloqué sobre el tablero de la camioneta, Él me repitió dos veces que los bajara porque ensuciaría el tablero y me negué, una vez más provocándolo al máximo en vez de obedecerlo lo incité, ya que le daba pequeños golpecitos con los pies y la suela se las pegaba completa mientras Él me miraba atónito y absorto entre el fondo de mi falda y la longitud de mis piernas.

No tardó mucho en soltar una sola nalgada que me obligó no sólo a bajar los pies sino que tuve que sobarme por largo rato haciendo mohines con la cara y pucheritos con la boca. Más tarde, entre risas, canciones, cuentos de carretera y provocaciones me dijo que me castigaría por andar de malcriada creyendo que haría lo que yo quisiera sin tener ningún escarmiento, pero eso no fue todo!!, conforme me iba "leyendo la cartilla" yo me volvía más malcriada y altiva, le decía que no le creía, que no me importaba y cuando nos bajamos en un centro comercial cercano a donde nos ibamos a hospedar, aproveché que un de los vigilantes internos de dicho centro me observaba para volverme picarona, me quedé en la vitrina de una tienda que vendía lencería femenina y juguetes eróticos mientras él compraba unas cosas. Para su sorpresa al salir y buscarme, yo lo llevé directo a los juguetes para adultos y rocé con mi mano "su paquete", todo esto delante del vigilante que intentaba perderse dentro de lo poco que cubría mi falda.

Romano ruborizado, apenado, excitado, y absorto me tomó por un brazo yy practicamente me arrastro escaleras abajo hasta la camioneta y nos fuimos, ya dentro no dejaba de repetir que 'qué pena, la gente lo miraba, que podía escuchar murmullos de la gente anonadada de que 'una niña' estuviera con un hombre en esa tónica'. Èl no quería ni siquiera darme la mano en público por lo aniñada que me veía. y yo.. a todas estas... muerta de la risa viendolo a Él sufrir de deseo y pena al mismo tiempo.

Ya en la tarde nos fuimos a pasar el atardecer en la playa y al cambiarme de ropa recuerdo haber escuchado un "ughhhh" Romano había suspirado de alivio al ver el cambio en mí, según Él, mi rostro fácilmente puede cambiar entre una 'nena de hasta 13 años hasta una mujer de 25 que soy', sólo con un cambio de ropa y maquillaje. La tarde la pasamos bromeando en la playa, aunque ninguno de los dos resistió el deseo por el otro y la tentación de estar juntos dentro del agua en una playa casi desértica y terminamos haciendo el amor dentro del mar.

Efectivamente al llegar al hotel recibí mi castigo, realmente había pasado todo el día provocandolo y ganándome 'el castigo de la semana' como Él lo llamó, me dijo 'vas a ver' y me colocó en OTK sin miramientos, y mientras descargaba sus potentes manos en mi trasero me recitaba todas y cada una de mis faltas durante todo el día transcurrido, me explicó lo apenado y excitado que estaba al mismo tiempo en el centro comercial y cada vez que debía bajar el vidrio de la camioneta para que los fiscales de tránsito vieran dentro de la cabina. Cada nalgada dolía como si me diera con una paleta de madera, el impacto era sonoro y muy picoso, dolía horrores y Él se reia con cada intento mío por esquivar el siguiente azote. Luego de un buen rato cambió su mano por una de mis zapatillas, a las que odio con todas mis fuerzas por todo lo que duelen, cada golpe me estremece y ya para el 6to ó 7mo las lágrimas se aglomeran en mis ojos.

Me recordó el momento 'morboso' que pasamos cerca de las 7 de la mañana donde nos bajamos a desayunar porque una señora (de esas entrometidas que nunca faltan) no nos quitaba la mirada de encima, desaprobaba con su rostro lo que veía al ver mi 'falda escolar' súper corta y que andaba con un hombre hecho y derecho en el medio de la nada :P. Yo le explicaba que eso me daba morbo, y Él confesó que a él también le gustó el provocar esas reacciones pero que debí en primer lugar pedir permiso para vestirme así, y que por eso y todo lo demás él seguía azotándome con la zapatila.

Al final... no me arrepiento, estoy a la expectativa de otro viaje de ese estilo para volverlo a hacer, total... las spankees somos así... :P esa vez no me quedaron marcas, pero sí un color rojo granate intenso en el trasero hasta el día siguiente que Romano disfrutó durante la mañana.

P.d.: Amor... tengo ganas de volverlo a hacer... :P